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Internet de las cosas: uniendo el mundo físico y el mundo virtual

Internet de las cosas: uniendo el mundo físico y el mundo virtual

31/Oct/2013

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INTERNET DE LAS COSAS O INTERNET DE TODO

Ya hace tiempo que estamos escuchando el término Big Data, y sabemos que se refiere a la inmensa cantidad de datos que, a velocidad de vértigo y en aumento constante, se generan en Internet; este concepto incluye no sólo la “huella digital” que van dejando las interacciones de las personas - nuestras búsquedas, correos, llamadas, juegos, videos y publicaciones en las redes sociales…-, sino además información geológica, meteorológica, genómica, física, biológica, …etc. procedente de las redes de sensores distribuidas en nuestro medio ambiente. Bien, pues la explotación del potencial de este gigantesco yacimiento que guarda la Red - la “revolución de los datos masivos”- supondrá una transformación extensa y profunda, aún mayor que la que, en su momento, provocó la llegada de Internet.

En efecto, si el avance de la tecnología y la disminución de los tamaños y los precios de los dispositivos han logrado conectar a las personas, sólo un 1% de las cosas están conectadas a la Red, y este enorme potencial ya está empezando a ser aprovechado por la industria de los sensores para desarrollar la INTERNET DE LAS COSAS (IoT). En este momento, las redes de sensores inalámbricas tienen la capacidad de comunicarse con nuestros dispositivos y con Cloud Computing de manera directa: estos elementos, en combinación, parecen constituir la base de una sociedad de la inteligencia.

La idea de esta nueva forma de identificación y gestión de los objetos cotidianos –ropa, alimentos, animales domésticos o de crianza, fincas o vehículos-, y los sujetos, conectados mediante sensores y enviando y recibiendo datos continuamente, informando de su presencia y su estado, está ya tan próxima que, aunque suene a ciencia-ficción, ya ni siquiera nos sorprende: optimización de recursos alimenticios y energéticos, prevención de desastres naturales; escuelas, hospitales, tráfico, núcleos urbanos interconectados e inteligentes, hogares en los que las puertas, las luces, los sistemas de riego, las alarmas y los electrodomésticos interactúan entre sí y con el ambiente; sensores que monitorean el cuerpo controlando y mejorando el rendimiento deportivo o el diagnóstico médico, y más. Dentro de los próximos cinco años, además de extraer cualquier dato de nuestro organismo, los sensores serán capaces de emular a los sentidos humanos, permitiéndonos tocar, oler o gustar a través de nuestros dispositivos. Y ya se está experimentando con éxito en el implante -o la ingestión- de estos dispositivos en el cuerpo humano…

Cisco ya habla de Internet of Everything (IoE); justo en estos días está celebrando en Barcelona el congreso Internet of Things World Forum cuyo objetivo es “acelerar el ecosistema del Internet de las Cosas”. Se habla de un negocio de 10.900 millones en 5 años, en el que ya operan algunas empresas españolas, como la aragonesa Libelium, la vasca Farsens, la granadina Cilab o la extremeña panStamp.
Es el comienzo de una nueva inteligencia colectiva. Las implicaciones y consecuencias a todos los niveles, no sólo individuales o de privacidad, culturales e históricas, de ubicuidad o temporalidad, sino también filosóficas y éticas, no tienen precedente.

Pero el verdadero fin y el valor de esta nueva revolución, que une el mundo virtual y el físico, son las personas y esto conviene no olvidarlo.

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